Comenta un orgulloso responsable de marketing: “nosotros no tenemos reclamaciones”. Lo primero que pienso es que su servicio es impresionantemente bueno y, acto seguido, entiendo que no tienen canales de escucha, no quieren oír las reclamaciones o éstas no se transmiten y se pierden por el camino dentro de su organización.
Sabemos que un cliente insatisfecho es difícil de recuperar y que, posiblemente, hablará mal de nosotros. Pero pongamos cifras a este sentimiento para tomar conciencia real de su importancia e influencia negativa en el desarrollo de nuestro negocio.
TARP publicó una estadística en la que observamos la media de impactos que puede tener una experiencia negativa con nuestra marca en un cliente satisfecho y en otro insatisfecho, según la importancia del problema: